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lunes, 7 de octubre de 2013

El error como situación de aprendizaje

Por premio o castigo

Por largo tiempo el proceso educativo se ha caracterizado por validar estratégicamente el premio y el castigo para generar los aprendizajes de los alumnos. Esta forma de refuerzo se consolidó largamente, primero por toda la teoría psicológica del aprendizaje que hoy conocemos por conductismo, que se concentró en todas nuestras escuelas… pero ¿Cómo no validarla? Si toda la experiencia nos permitió comprobar que la mejor manera de generar cambios en la conducta de los sujetos, era a través de la premiación de aquellos comportamientos que la experiencia cultural recomendaba como buenos y por otro lado, el castigo de aquellos que eran enjuiciados como malos y no estamos tan lejos para recordar que aquellos castigos muchas veces se infringían física y psicológicamente por parte de los docentes. En segundo lugar y siguiendo estos mismos preceptos se estableció la teoría curricular, llamado enfoque técnico, dicha teoría concebía al docente como un agente técnico, solo capaz de seguir ciertos preceptos emanados por una cabeza central que dictaminaba qué, cómo y cuándo enseñar, aquí el currículo escolar es entendido como un plan de instrucción donde el docente solo conoce los objetivos de aprendizaje y las estrategias de acción específicas, a fin de conseguir los resultados esperados. Todo el proceso estaba regulado desde su inicio hasta el fin y el papel del docente (actor principal del proceso) es solamente reproductivo.

jueves, 30 de mayo de 2013

Una Nueva Sociedad para un Nuevo Aprendizaje


El Ángel de la Historia
Cuando Walter Benjamin representa al ángel de la Historia (Angelus Novus) quien aletea mirando  hacia atrás viendo la estela de horror y muerte; en su ensayo sobre la historia cita: «Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso»

sábado, 18 de mayo de 2013

Soledad, Individuación y Subjetividad


Soledad, Individuación y Subjetividad



El ser humano moderno gana en dos aspectos de su autoconciencia, a saber, la individuación y el concepto de lo social. Ambos son una ganancia que va configurando las sociedades modernas que sirven de hábitat al humano moderno. Sin embargo, el gran eje o pie de apoyo de la persona moderna está dado por la razón, que se transforma en el principio básico y dinámico, no tan sólo del individuo, sino también de toda la estructura social a la cual pertenece. Este factor de cambio social produce en el ser humano, la posibilidad de aprehenderse como actor y protagonista de los cambios.
A pesar de todo ello, jamás ha emitido la persona humana un grito tan profundo como la experiencia de soledad que le recorre a él y a nuestras sociedades modernas. Sociedad que se construye en el espacio de lo urbano como lugar privilegiado del desarrollo. La raíz de la soledad posee dos vértices principales, que a mi gusto delinea en forma muy efectiva el artículo de “La Modernidad y sus Desafíos”; estos son la autocomprensión e individuación ya antes mencionadas, y la preeminencia de lo económico, en cuya raíz se encuentran el desafío egoico de la satisfacción de “necesidades” que son la base del egoísmo moderno. Ante estas dos formas de cambios que produce la modernidad en la conciencia moderna, el ser humano se encuentra solo, pues aunque el desarrollo de las utopías y formaciones de las ideologías modernas pareciera unirle, es justamente esta falsa muestra de unidad la que produce en los sujetos una despreocupación clara de las necesidad de integración efectiva de las personas ya no como entes sociales o masas, sino en cuanto individuos con rostros, preocupaciones y necesidades muy concretas.
Por otro lado, el desarrollo del mercado y su pseuda economía de satisfacción, produce en los sujetos modernos, una desconexión real de sus intereses, creando necesidad en un mercado altamente competitivo que se basa en las satisfacción de los requerimientos de los consumidores y que se alimenta de la creación de nuevos bienes de consumo, que hacen indispensable la existencia moderna. Este hecho produce en los hombres y mujeres modernos, la trastocación de los valores humanos ético-morales, en que la felicidad se consigue mediante la adquisición de los diversos medios que ofrece el mercado.
Así mismo, la época moderna nos ha dejado dos instituciones intangibles que prefiguran este hecho, estas son el Estado y el Mercado. Ambas han sido dueñas del debate y transformaciones modernas, y aunque ambas solo existen en las conciencias de los sujetos, han provocado un constante aislamiento del individuo y sus temas, en cuanto persona. Ambos estamentos son figura de la desvinculación moderna del sujeto frente a sí mismo. La autoposesión del hombre, el rol de la historia como un devenir  y un progreso; la marcada secularización de occidente, se transforman a mi modo de ver en meros accidentes y pseudos conformismos de lo que nuestra modernidad nos ha dejado en deuda. No por nada los nuevos movimientos post-modernos buscan superar esta forma, creando nuevos caminos para la autoafirmación del sujeto y la autopercepción de la interioridad de la persona.